Diego Garrocho, sobre las palabras de Jessica Rodríguez ante el Supremo: "A veces las cosas son lo que parecen"
El profesor de Filosofía reflexiona sobre las consecuencias de las palabras de Jessica Rodríguez ante el Tribunal Supremo
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¿Hay que dudar siempre de las apariencias? Si hacemos caso a esa sabiduría popular que encierran los refranes, podríamos invocar aquello de que el hábito no hace al monje o de que no hay que fiarse siempre de las apariencias. Sin embargo, y a pesar de que la filosofía también se haya ocupado de cuestionar muchas veces nuestros sentidos, lo cierto es que a veces las cosas son exactamente lo que parecen.
Hoy ha comparecido ante el Tribunal Supremo Jessica, la amiga singular de Ábalos, exsecretario de organización del PSOE y mano derecha del presidente Sánchez. Esta mujer, según se ha señalado, habría cobrado por su compañía con el exministro, habría residido en un piso de lujo sin pagarlo y fue contratada por dos empresas públicas a las que, como ella misma ha admitido, nunca fue a trabajar.
Más allá de cualquier juicio moral, la posible mediación económica en esta relación es clave para la instrucción del caso, pues el contrato de los servicios de Jessica podría constituir un pago en especie dentro de la trama de corrupción. Volviendo a las apariencias, hay un patrón estético en muchos protagonistas de este escándalo. Resulta revelador que alguien como Coldo, un exportero de un club de alterne, terminara custodiando los avales de Pedro Sánchez cuando el presidente conquistó la Secretaría General del PSOE.
Un personaje de este Koldo que también acabó asesorando a una empresa pública como es Renfe. Por su parte, las andanzas de José Luis Ábalos, a falta de que en sede judicial se esclarezcan los detalles, evidencian comportamientos que resultan cuando menos extraños o hasta quizá demasiado coherentes con lo que cabe esperar de ciertos representantes públicos. Y lo peor de todo es que no están solos.
El escándalo de los ERE, el Tito Berni y una larga lista de casos similares dejan en evidencia que durante mucho tiempo nuestras élites han actuado como agentes del lumpen, macelli, castizo o ramplón. Ya saben aquello que dijo Andreotti cuando le preguntaron qué pensaba de la política española. Manca fineza.
Y es que si bien está el análisis politológico sesudo y basado en datos, a veces en la política y en la vida las cosas son simplemente lo que parecen.