Fátima y ángel de la paz, por Fidel García Martínez

Fátima y ángel de la paz, por Fidel García Martínez

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Fátima y ángel de la paz, por Fidel García Martínez

Con la canonización de los dos hermanos y niños pastores Francisco y Jacinta, las apariciones de Nuestra Señora en Cova da Iría, adquieren un dimensión de verdad y santidad totales cien años después. Contra las que nada pudieron entonces las más feroces persecuciones masónicas, ni ahora las blasfemias y profanaciones de los que las niegan porque tiran por los suelos sus prejuicios reaccionarios y sus mofas despectivas.

Las apariciones tuvieron lugar en un momento crítico de la historia moderna: la primera guerra mundial (1914-19) y coinciden también con la revolución bolchevique de 1917: durante seis meses de Mayo a Octubre. La Paz es uno de los mensajes más importantes que Nuestra Señora comunicó a los tres pastorcitos, como lo dejó escrito Sor Lucía, su cronista oficial y más autorizada, cuya beatificación está en proceso.

Antes de las apariciones de Nuestra Señora tuvieron lugar unas visiones angélicas por parte de los niños que tiene una importancia singular, porque constituyen el prólogo de las mismas y les fueron preparando para recibir a Nuestra Señora. Hay que decir en primer lugar, que las apariciones del Ángel de la Paz nada tienen de visiones apocalípticos ni de ciencia ficción como algunos con total desconocimiento y atrevimiento escriben, seducidos por los esquemas terroríficos de Hollywood. En su esencia y teniendo en cuenta la realidad de las mismas, estas Visiones no son productos de las mentes de los niños, no las buscaron ellos, ni las inventaron, sino que desde un principio fueron sorprendidos, mientras se dedicaban a sus habituales ocupaciones; rezar, jugar y cuidaban los pequeños rebaños de sus familias en pobres tierras. Estas visiones sobrenaturales y místicas confirmaron lo que después pasó en Portugal durante 1917 con absoluta indiferencia de los gobernantes que si no la autorizaron no las prohibieron: una persecución sacrílega y profanación de muchas iglesias, capillas y ermitas. La profanación de Sagrada Eucaristía fue su máxima expresión de ahí que el Ángel de la Paz en la tercera aparición pidiese a los inocentes pastorcillos penitencia y oración para desagraviar por tan graves sacrilegios y les dijese dándoles misteriosamente la Sagrada Comunión: "Tomad el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a Vuestro Dios" La tercera aparición del Ángel de la Paz tuvo lugar en la Loca do Cabezo, cuando se encontraban guardando los rebaños de sus familias, en un olivar de los padres de Sor Lucía, que es quien narra estas apariciones. Hoy se puede contemplar una magnífica obra escultórica de mármol blanco que recuerda la aparición.

Fidel García Martínez, Catedrático Lengua Literatura Doctor Filología Románica.

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