La familia rumana, que vivió en Valencia, y que acoge cada día a miles de ucranianos en Dumbrâveni
Mihâitâ, Miguel como le llamaban en España, está al frente de la Sala Sporturilor de Dumbrâveni, un Arca de Noé en el que caben todos, todos los que huyen de Ucrania

Miguel, Violeta y Patricia, la familia Musteatâ que recibe a los refugiados ucranianos en Rumanía
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Mihâitâ Musteatâ, su mujer, Violeta, y su hija, Patricia, no solo acogen a los ucranianos que huyen de los bombardeos del Ejército ruso por la frontera con Rumanía; los periodistas -que cubren el día a día de la invasión-, también encuentran un plato de comida en la Sala Sporturilor de Dumbrâveni.

Refugiados ucranianos acogidos la Sala Sporturilor de Dumbrâveni (Rumanía). Foto Javier García Pérez @Jgpress
Hasta hace 19 días, este gimnasio, veía pasar por sus instalaciones a vecinos de Dumbrâveni que iban a ejercitarse. Desde hace tres semanas, estas instalaciones deportivas, como el resto de esta tranquila población agrícola, de 10.400 habitantes, del norte de Rumania, han sufrido un giro copernicano en su forma de vida. Más de un millar de personas, la mayoría mujeres y niños, que huyen para poner a salvo sus vidas ante el empuje y la violencia del conflicto, han llegado hasta aquí.

Miguel, su mujer, Violeta, y su hija, Patricia. Foto Javier García Pérez @Jgpress
La familia Musteatâ, adiós a la vida tranquila para ayudar a sus vecinos ucranianos
La previsión del flujo de refugiados para las próximas semanas ha puesto en alerta a esta población, como nos cuenta Mihâitâ Musteatâ, que dirige la coordinación de toda la ayuda que el ayuntamiento de la localidad ha puesto a disposición de los refugiados en tránsito.
Mihâitâ (Miguel), como lo llaman los que conocen su pasado español, tiene 47 años y emigró a nuestro país en 1999 junto a su mujer, Violeta, y su hijo. En España nacieron sus otros dos hijos, mientras él se labraba un futuro levantando una empresa de construcción y haciendo inversiones en otros campos. En 2009, en plena crisis económica decidió poner fin a su aventura española y volver a su tierra dónde ha seguido con sus negocios. Según nos comenta su mujer, con brillo en los ojos, ese tiempo que pasaron en España pertenece al mejor de sus vidas.
La guerra en el país vecino ha puesto en funcionamiento el mecanismo ancestral de ayuda a los que lo necesitan y la familia Musteatâ ha dado un paso al frente: Miguel es la cabeza que dirige la organización dedicándole muchas horas al día. Por sus manos pasan la recepción de estas personas y el alojamiento atendiendo a variados criterios. Entre ellos, los más importantes son los países a dónde quieren llegar, si tienen medios para hacerlo y agruparlos para buscar transporte adecuado. La tarea se le presenta en algunos momentos formidable porque cada persona que llega hasta él tiene su particular problemática.

Mujeres y niños acogidos por la familia de Miguel en Dumbrâveni. Foto Javier García Pérez @Jgpress
Además de los muchos voluntarios que ayudan en todo tipo de tareas, Miguel cuenta con la ayuda fundamental de Violeta, su mujer, y de su hija Patricia. La elaboración de las más de 800 comidas diarias corre a cargo de un grupo que dirige Violeta.

Violeta, la mujer de Miguel y su hija, Patricia, hablando con el técnico de Exteriores de la Cadena COPE, Javier García Pérez. Foto Jgpress
En una suerte de Arca de Noé, todo el que llega a la Sala Sporturilor de Dumbrâveni tiene un plato de comida en la mesa, incluidos los periodistas que allí se acercan a indagar sobre este fenómeno. Y no sólo tiene el municipio el polideportivo multiusos con 250 plazas como alojamiento. Muchas son las personas que ofrecen sus casas particulares y el Ayuntamiento otras instalaciones para alcanzar las más de 500 plazas disponibles y todo ello coordinado bajo la atenta mirada de Miguel. Patricia, estudiante de ingeniería, ha decidido mantenerse cerca de sus padres y ayudar en todo lo que sea necesario. La familia Musteatâ está preparada para lo que sea.

Todos los que llegan a la Sala Sporturilor de Dumbrâveni son acogidos. Foto Javier García Pérez @Jgpress
En su última conversación con el presidente francés Emmanuel Macron, Vladimir Putin aseguraba que "lo peor estaba por llegar" y Miguel asiente con la cabeza ante tal afirmación. Los cimientos de la familia son fuertes gracias a la iglesia que los une y los da fuerzas, pero a buen seguro esta crisis mundial los pondrá a prueba.

Miles de niños pequeños han tenido que huir de Ucrania con sus madres para evitar los bombardeos. Foto @Jgpress
El terrible precio de la guerra: huir, huir de tu casa, de tu país, de tu vida
La invasión lo ha cambiado todo. Los hombres a las armas, las mujeres a huir. Es una huida forzosa y, pese a las lágrimas, no se puede mirar atrás como hacen estas mujeres con sus hijos pequeños en la frontera entre Ucrania y Rumanía por Siret.

El paso fronterizo entre Ucrania y Rumanía en la ciudad de Siret. Foto Javier García Pérez @Jgpress
Varias generaciones de ucranianos, que ahora son niños, van a sufrir las consecuencias de este conflicto

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Pese a la angustia de la situación, de días muy largos de viaje hasta un lugar seguro, los niños siempre encuentran a un amigo con el que jugar.

Esta pequeña ha encontrado un amigo en el refugio de la frontera de Siret. Foto Javier García Pérez @Jgpress
Para hacerles olvidar el cansancio, las largas horas de viaje, muchas veces andando horas y horas, y el frío, al otro lado de las fronteras con Ucrania siempre hay voluntarios para dar un vaso de sopa caliente, una manta, juguetes y animar cantando.

Los voluntarios reciben a los refugiados con un vaso de sopa caliente, una manta, juguetes y animar cantando. Vídeo Javier García Pérez



