La Pasión en San Fernando, un barrio volcado con el evangelio y la caridad
La representación de los últimos días de Jesús mueve a 100 personas para recaudar fondos para Cáritas Diocesana

Badajoz - Publicado el
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Este fin de semana, la parroquia de San Fernando y Santa Isabel en Badajoz se transforma, un año más, en un escenario vivo donde el silencio se quiebra con el eco de pasos, murmullos y oraciones. Es el preludio de su ya icónica representación de La Pasión, que cumple 30 años reviviendo los últimos días de Jesús. Un legado que, lejos de anquilosarse, renace cada Semana Santa con nuevas voces, miradas y un propósito firme: unir a toda una comunidad.
María de la Soledad Aranda, coordinadora de esta edición, sostiene entre sus manos un guion marcado por anotaciones. "No es solo una obra; es un acto de amor colectivo", confiesa. Y no exagera. Bajo su dirección, cerca de 100 vecinos —desde una niña de 3 años que interpreta a un ángel hasta un octogenario de 84 que da vida a San José de Arimatea— han ensayado durante meses para tejer una narrativa que trasciende el arte. "Aquí no hay actores profesionales, sino corazones que creen en lo que representan", añade Soledad.
La tradición, iniciada en 1994 como un modesto proyecto parroquial, ha crecido hasta convertirse en un referente cultural y espiritual. Aunque el texto se basa en los Evangelios, cada año se incorporan matices frescos. En 2025, las novedades serán palpables: una escenografía renovada —con proyecciones que amplían el dramatismo de la Última Cena— y una banda sonora original compuesta para acompañar el Viacrucis.
Pero el verdadero milagro de esta Pasión no está solo en el escenario. Desde hace una década, la obra es solidaria: lo recaudado con las entradas (7 euros) se destina íntegramente a Cáritas Diocesana. Quienes no puedan asistir tienen, además, la opción de colaborar mediante la "fila 0", habilitada para donaciones directas.
Las entradas, ya a la venta en Eventbrite y en el despacho parroquial, vuelan cada año.
Treinta años después, esta Pasión sigue demostrando que algunas tradiciones no envejecen: se reinventan. Como sus protagonistas, que año tras año entregan lágrimas, risas y horas de ensayo para mantener viva una historia que, en sus manos, deja de ser remota y se hace carne. Y barrio. El barrio de San Fernando. El barrio.