'Crónicas perplejas': "Hay días en los que uno abre el armario y siente que todo exceso es poco"

Antonio Agredano

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En esta sección de 'Herrera en COPE', Antonio Agredano mezcla lo “cotidiano y exótico” con una particular visión de las cosas de la vida capaz de equiparar con lo más sorprendente en sus 'Crónicas perplejas'

Esta noche voy a una velada de boxeo en Sevilla y como hace fresquito, e iré en moto, he pensado en ponerme mi ínclito chaquetón de pelo. Fue muy comentado por aquí. Muy criticado, injustamente, tras aparecer yo como un yeti en la espesura en un almuerzo con los Herrera, Naranjo y Edu. Pero creo que si en algún lado un abrigo tan peculiar puede pasar inadvertido, es en una velada de boxeo como la de hoy.

Admiro a la gente discreta. De pantalón caqui, camisa blanca y jersey verde botella con cuello de pico. Con castellanos. Sin pulseras, sin anillos, sin pendientes, sin tatuajes. Con bigote, a lo sumo. O gafas de sol, ligeramente ahumadas. Esa gente es la que domina el mundo.

Pero luego estamos los demás. Yo creo que ser un mamarracho está bien. Da color a la calle. Da vida a las conversaciones. Y desde chico me gustó el ruido. Me gustó pintamonear, lo confieso. Me gustó siempre entrar a un pub y no pasar desapercibido.

Es cierto que con el tiempo las cosas se van matizando y ya no tiene uno esa necesidad constante de llamar la atención. Pero siempre queda ese rescoldo. Y cuando voy de tiendas me giro hacia las prendas con más colores, con más pelo; con las menos ponibles.

A mí me gustan esas señoras excesivas, desacomplejadas, de animal print y risa escandalosa. A mí me gustan esos señores como sacados de otro tiempo. Que caminan sabiéndose diferentes. Que habitan siempre los límites de lo esperado.

A mí me gustan los jóvenes que transpiran su personalidad a través de la ropa. Que no se dejan llevar por modas. Que aportan algo de desconcierto. Que son unos pintas, en lenguaje boomer.

Porque siempre hay tiempo para ser iguales. Para hacer lo que se espera de nosotros. Siempre hay tiempo para hacer lo correcto. Siempre hay tiempo para pasar desapercibido. Pero hay días en los que uno abre el armario y siente que todo exceso es poco. Que hoy se sale a la calle con estruendo y sin complejos.

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