'Crónicas perplejas': "Me pregunto si no es un disfraz el día a día"

Habla Antonio Agredano de disfraces y carnavales

Antonio Agredano

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En esta sección de 'Herrera en COPE', Antonio Agredano mezcla lo “cotidiano y exótico” con una particular visión de las cosas de la vida capaz de equiparar con lo más sorprendente en sus 'Crónicas perplejas'. 

Disfrazarse es tener la oportunidad de dejar de ser nosotros, aunque sea por un ratito. He sido pirata y he sido niña. He sido futbolista y he sido superhéroe. Desde pequeño me gustó eso de salir de mí. De llevar una espada enganchada a la cintura. De evadirme de la realidad. De caminar por la plaza de San Agustín o por la Corredera encarnando a alguien que no soy yo.

Me pregunto si no es un disfraz a veces el día a día. La amabilidad o la preocupación que mostramos. Algunos enfados. Cómo nos sentamos en las reuniones. La manera en la que pedimos el vino o el pan. Son disfraces menos divertidos, menos excesivos, más grises. Pero, de alguna forma, también ocultamos lo que sentimos, lo que somos, y nos echamos a la calle.

¿Qué hay dentro de nosotros? ¿Quiénes somos realmente cuando por fin regresamos a casa y nos sentamos en el sofá derrotados y nos vemos en el reflejo de la televisión apagada? ¿Quiénes somos nosotros sin el disfraz de las prisas, de las conversaciones intrascendentes, de las llamadas de compromiso, de la sonrisa a quien no podemos soportar, de la supervivencia diaria, de los amores rotos?

Ninguna necesidad tan humana como esa de dejar de nosotros, aunque sea por una noche"

Antonio Agredano

Autor de las 'Crónicas perplejas' en 'Herrera en COPE'

Prefiero la purpurina y las lentejuelas. Prefiero el maquillaje, las capas, las chisteras. Puestos a ser otros, prefiero salir a la calle hecho un mamarracho y beber con amigos como si no fuéramos parte de este mundo.

Ninguna necesidad tan humana como esa de dejar de nosotros, aunque sea por una noche. Reír y hacer reír. El exceso y el ruido. El coqueteo y el misterio. Eso han sido para mí siempre los carnavales. Una íntima huida.

Y luego llegar a casa, tirar el disfraz a una silla, y levantarme al día siguiente con otras máscaras, con otras rutinas, en la fiesta de las urgencias, de los agobios, de los miedos cotidianos, de esto tan extraño a lo que llamamos vida.

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