Luis del Val: "Tirar comida es indecente, obsceno, pero eso no se remedia multando a los restaurantes"

Ya puedes escuchar la Imagen de Luis del Val de este miércoles 6 de junio de 2022

Luis del Val

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Algunas de las lumbreras adolescentes que pueblan Moncloa, cree que para terminar de una vez por todas con el derroche de tirar comida a la basura basta con multar a los restaurantes, debido a que nunca han tenido un restaurante. Vamos a ver, almas de cántaro: cuando un cliente pide un solomillo en su punto o “segnant”, significa casi vuelta y vuelta y que, al partirlo, esté crudo. Si al masticarlo lo de fuera está tibio y lo de dentro frío como una cerveza, es que se trata de un restaurante mediocre que no tiene la carne fuera del frigorífico, antes incluso de comenzar el horario de comida. Otrosí: las grandes multinacionales de las hamburguesas, tienen ordenado que haya siempre dos decenas de hamburguesas, fuera del frigorífico, para que tomen la temperatura ambiente. Y así lo van haciendo a lo largo del día. Cuando llega la hora de cerrar es muy probable que hayan quedado quince o veinte hamburguesas, esperando un pedido que ya no llegará, Bueno, pues la dirección tiene terminantemente prohibido volver a meter esas hamburguesas al frigorífico para poder servirlas al día siguiente y, orden de que se tiren a la basura. Saben lo que les costaría una intoxicación, y lo que significaría de desprestigio para su marca. ¿Y qué van a hacer? ¿Multarles? Lo que no es bueno, ni para los clientes, ni para los empleados ¿es bueno para un centro benéfico?

Un restaurador compra una docena de besugos. Y los va vendiendo. Pero pasan los días y queda uno, que le miras el ojo y parece que le han puesto una lentilla pasada por el barro. Y decide que eso no es bueno para su cliente y ordena que lo tiren a la basura. ¿Lo multarán por eso? A no ser, claro, que creen un Cuerpo de Inspectores de Alimentos en la Basura, expertos en saber si el besugo es fresco o ya se jubiló la tripulación que lo pescó. Tirar comida es indecente. Obsceno. Pero eso no se remedia multando a los restaurantes, ni obligando a los clientes a que se lleven un taper con la comida sobrante. Y es peligrosa esa obligación. A no ser que exista un plan oculto para terminar con los pobres, por el eficaz y tortuoso procedimiento de proporcionarles comida en dudoso estado. Con la diarrea colérica o la disentérica, no queda un pobre en seis meses. Me pongo hiperbólico, sí, pero es por estar a la altura de esta hiperbólica tontería.