De Dios no puede venir nunca el mal
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De Dios no puede venir nunca el mal
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La pregunta por el misterio del mal recorre la historia. Ayer durante el rezo del Ángelus, el Papa se hacía eco de algo que puede rondarnos la cabeza estos días: ¿quién tiene la culpa de hechos terribles, como la pandemia o la guerra que devasta Ucrania? Cuando las noticias negativas nos oprimen y nos sentimos impotentes ante el mal, nos preguntamos si es Él quien nos las envía para castigarnos por nuestros pecados. Y, en todo caso, nos preguntamos por qué no interviene.
Francisco explicó que cuando nos sentimos oprimidos por el mal, corremos el riesgo de perder la lucidez y entramos en una óptica completamente ajena a la auténtica tradición cristiana. El Señor nos deja siempre libres, nunca usa la violencia, sino que, por el contrario, ¡sufre por nosotros y con nosotros ¿Qué más necesitamos para entenderlo, después de ver a Cristo camino de la cruz? De Dios no puede venir nunca el mal, y su relación con nosotros siempre está definida por la palabra “misericordia”.
En realidad, son nuestras decisiones equivocadas y violentas las que desencadenan el mal, son el egoísmo y la prepotencia los que dividen y rompen las relaciones. Por eso la respuesta más profunda al misterio del mal es el cambio de nuestra persona, que se llama conversión. Francisco concluía refiriéndose a “la violenta agresión contra Ucrania, una masacre insensata en la que todos los días se repiten estragos y atrocidades… una crueldad inhumana y sacrílega”. Frente a esto son necesarias acciones de diversa índole: políticas, jurídicas, militares… Todas ellas serán más útiles con el fundamento de la oración, y por eso el Papa nos invita a unirnos el próximo viernes 25 de marzo al Acto de consagración de la humanidad, especialmente de Rusia y Ucrania, al Corazón Inmaculado de María, para que ella, obtenga de su Hijo la paz para el mundo.