Jesús Junquera: "Tomar conciencia de que estamos en cuaresma es más importante que hacer ayuno"
Hablamos con el segundo maestro de ceremonias de la catedral de la Almudena con motivo del Miércoles de Ceniza

Jesús Junquera: "Tomar conciencia de que estamos en cuaresma es más importante que hacer ayuno"
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Hoy es el Miércoles de Ceniza, el día que marca el comienzo de la Cuaresma, un tiempo que dura desde hoy hasta la celebración de la Pascua. Los cristianos no tienen obligación de acuden hoy a misa, pero aquellos que van reciben la imposición de la ceniza, el rito característico de esta celebración en el que un sacerdote (o a veces un laico) marca con una cruz de ceniza la coronilla o en la frente, siempre diciendo: "polvo eres y en polvo te convertirás" o "conviértete y cree en el Evangelio".
"La imposición de la ceniza tiene un sentido de purificación", ha dicho el segundo maestro de ceremonias de la catedral de la Almudena, en Madrid, Jesús Junquera. "Tenemos que darnos cuenta de que en la vida es necesario parar y darnos cuenta de cómo caminamos en nuestra fe y reflexionar sobre cómo hacerla cada día más viva".
Este año, la Pascua, también conocida como Domingo de Resurrección, cae el 17 de abril. Esta fecha varía todos los años puesto que se celebra siempre el primer domingo después de la primera luna de primavera. Desde hoy y hasta ese día, los cristianos se preparan espiritualmente mediante la oración, el ayuno y la limosna para celebrar los tres misterios de Redención: la Pasión de Cristo, su muerte y su resurrección.
"Es tradición utilizar las palmas quemadas del Domingo de Ramos para hacer la ceniza que usamos hoy", ha añadido Jesús Junquera en 'Mediodía COPE'. "Hace años, estaba muy presente el ayuno y la abstinencia de comer carne en los días que manda la Iglesia, pero es aún más importante tomar conciencia de que comienza la cuaresma y que hay que comenzar un camino de conversión".
La cuaresma no siempre ha tenido la misma duración: su práctica se institucionalizó en el Siglo Cuarto y en aquel momento tenía exactamente 40 días. Sin embargo, como los domingos nunca se ayunaba por ser el día del Señor, en el Siglo Séptimo se alargó cuatro días más para quedar con la duración actual.



