El Papa nos invita a ser "peregrinos de la esperanza" siguiendo el ejemplo de Simeón y Ana en el Templo de Jerusalén
Mientras el Papa continúa ingresado en el hospital Gemelli, la Santa Sede continúa haciendo llegar los textos de las Audiencias Generales, en esta ocasión, referida a la presentación de Jesús en el Templo
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Madrid - Publicado el - Actualizado
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En su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 26 de febrero de 2025, el Papa Francisco - que sigue convaleciente en el hospital pero sigue haciendo llegar los textos de las Audiencias Generales y actos más importantes - ha centrado su reflexión en la figura de Jesús como "nuestra esperanza", tomando como punto de partida el relato de la presentación de Jesús en el Templo. Este evento, narrado por el evangelista Lucas, no solo destaca la obediencia de María y José a la ley del Señor, sino que también revela la profunda conexión entre la espera, la fe y el encuentro con el Salvador.
Obediencia y Tradición en la Sagrada Familia
El Papa destaca que, si bien la presentación del niño en el Templo no era obligatoria en Israel, era considerada una "práctica valiosa" para aquellos que vivían en la escucha de la Palabra de Dios. Este acto de obediencia refleja el deseo de María y José de conformarse a la voluntad divina, siguiendo el ejemplo de Ana, la madre del profeta Samuel. Lucas presenta este momento como "el primer acto de culto de Jesús", celebrado en Jerusalén, ciudad que marcaría el destino de su ministerio.
María y José "no se limitan a insertar a Jesús en una historia de familia, de pueblo, de alianza con el Señor Dios", sino que también "se ocupan de su custodia y de su crecimiento, y lo introducen en la atmósfera de la fe y del culto". Este acto de entrega y confianza es un faro para todos los creyentes, inspirándonos a acoger a Jesús en nuestras vidas y a compartir la buena nueva de su presencia con el mundo.
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El Reconocimiento Profético de Simeón
Simeón, "un miembro del pueblo santo de Dios preparado a la espera y en la esperanza", aguardaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo reposaba sobre él. En el momento de la presentación de Jesús, el Espíritu le revela que no vería la muerte antes de contemplar al Mesías del Señor. Así, impulsado por la gracia divina, Simeón reconoce en el niño Jesús al Ungido, al Salvador prometido. Conmovido, toma al niño en sus brazos y eleva una plegaria que se convertiría en un himno de esperanza para la Iglesia: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo se vaya en paz, según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación, la que has preparado ante todos los pueblos: luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo, Israel".
"Simeón canta la alegría de quien ha visto, de quien ha reconocido y puede transmitir a otros el encuentro con el Salvador de Israel y de los pueblos". Con este consuelo espiritual, "el anciano Simeón ve la muerte no como el final, sino como la realización, como la plenitud, la espera como una «hermana» que no destruye, sino que introduce en la vida verdadera que ya ha pregustado y en la que cree".
Ana: Testigo de la Redención
Junto a Simeón, una mujer viuda de ochenta años, Ana, también reconoce en Jesús la redención de Israel. Dedicada al servicio del Templo, "celebra al Dios de Israel, que precisamente en ese pequeño ha redimido a su pueblo, y se lo cuenta a los demás, difundiendo generosamente la palabra profética". Su testimonio, lleno de fervor y alegría, se convierte en un anuncio del Jubileo para todo el pueblo.
Un Legado de Esperanza
La presentación de Jesús en el Templo no es solo un episodio bíblico, sino una invitación a imitar el ejemplo de Simeón y Ana, "estos «peregrinos de la esperanza» que tienen ojos claros capaces de ver más allá de las apariencias, que saben «olfatear» la presencia de Dios en la pequeñez, que saben acoger con alegría la visita de Dios y volver a encender la esperanza en el corazón de los hermanos y hermanas".