Las últimas palabras que pronunció, casi inaudible, Juan Pablo II instantes antes de fallecer en el Vaticano: "Déjenme..."

El 2 de abril de 2005, a las 21:37h, San Juan Pablo II fallecía en sus aposentos del Palacio Apostólico tras una larga agonía que conmovió al mundo entero

Juan Pablo II

José Melero Campos

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El 2 de abril de 2005, a las 21:37h, el Papa Juan Pablo II fallecía en sus aposentos del Palacio Apostólico tras una larga agonía que conmovió al mundo entero. Según cuentan los que estuvieron a su lado hasta el final, sus últimas palabras, apenas audibles, fueron: "Déjenme ir a la casa del Padre".

Las horas previas a su muerte estuvieron marcadas por un creciente deterioro de su salud. Desde el 31 de marzo el Pontífice polaco sufría una grave infección urinaria que le provocó fiebre alta y un colapso circulatorio.

Pese a los esfuerzos de sus médicos, su estado empeoró rápidamente. El Vaticano ya preparaba al mundo para el desenlace. Rodeado por sus más cercanos colaboradores y en un ambiente de profunda oración, Juan Pablo II entregó su vida aquella noche del 2 de abril de 2005 tras casi 27 años de Pontificado.

Así contó Paloma Gómez Borrero en COPE la muerte de Juan pablo II

La histórica corresponsal de COPE en el Vaticano, Paloma Gómez Borrero, fue quien anunciaba la muerte del Pontífice polaco. “Ha muerto en una plaza de San Pedro abarrotada de gente, que acababa precisamente de rezar el Rosario. Muy pronto oiremos las campanas de la Basílica de San Pedro y que la cúpula iluminada se apague. Lo que es increíble es que en el momento que ha muerto el Papa, que esa plaza estuviera llena de gente terminando de rezar el Rosario, con miles de personas, parecía que se les sentía con la vela en su mano”.

Paloma y Juan Pablo II
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La noticia de su muerte desató una ola de conmoción en todo el mundo. En la Plaza de San Pedro, miles de fieles se congregaban horas antes de anunciarse su muerte para rezar, celebrar vigilias y cantar himnos en su honor.

Rezo Juan Pablo II
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Así vivió Juan Pablo II su última Semana Santa

La Semana Santa, celebrada dos semanas antes de su fallecimiento, ya estuvo marcada por el deterioro de Juan Pablo II. Su delicado estado de salud le impidió participar en las celebraciones como en años anteriores. Tan solo pudo aparecer el Domingo de Ramos en la ventana de sus aposentos para bendecir a los fieles, sin poder pronunciar palabra.

Cinco días más tarde, Viernes Santo, en una imagen que conmovió al mundo, el Papa siguió el Vía Crucis desde su capilla privada, sosteniendo en sus manos un crucifijo y uniéndose en silencio al sufrimiento de Cristo.

El Domingo de Resurrección intentó impartir la bendición 'Urbi et Orbi', pero apenas logró emitir un sonido antes de quedar en silencio, visiblemente afectado. Era 27 de marzo. Le quedaban nueve días de vida.

Todavía el mundo tuvo oportunidad de verle una última vez, el 30 de marzo, cuando apareció brevemente en la ventana de su apartamento en el Palacio Apostólico para saludar a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.

Una vez más, Karol Wojtyła trató de articular palabra, pero sin éxito. Solo levantó la mano en señal de bendición y permaneció unos instantes mirando a la multitud antes de retirarse con ayuda de sus asistentes. Fue una imagen conmovió al mundo entero, ya que mostraba su frágil estado de salud y su lucha por mantenerse presente hasta el final.

Después de ese momento, Juan Pablo II vivió sus últimos días en privado, rodeado por sus más cercanos colaboradores y en oración. Horas antes de su fallecimiento, miles de fieles se congregaban en la Plaza de San Pedro para rezar por la salud de quien había ocupado la Cátedra de Pedro durante casi tres décadas.

Juan Pablo II
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Tras su muerte, el cuerpo de Juan Pablo II fue trasladado a la Basílica de San Pedro, donde millones de personas desfilaron para rendirle homenaje. Su funeral, celebrado el 8 de abril, reunió a mandatarios de todo el mundo y a una multitud sin precedentes. En la ceremonia, la multitud coreó espontáneamente "¡Santo súbito!", pidiendo su canonización inmediata.

El impacto de su muerte trascendió fronteras y generaciones. Con su partida, la Iglesia Católica cerraba un capítulo fundamental de su historia, mientras millones de fieles despedían al Papa que había marcado una era con su carisma, su valentía y su inquebrantable fe.

El atentado de 1981 marca un antes y un después en la salud de Juan Pablo II

Juan Pablo II no cedió ante la muerte hasta que le fallaron sus órganos vitales como consecuencia de sus dificultades respiratorias. El atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981 en la Plaza de San Pedro marca un antes y un después en su historial clínico. Ali Agca casi consigue su propósito de asesinar al obispo de Roma. Lo impidió Sor Lucía, la monja que empujó al terrorista y que salvó al polaco de una muerta segura. Pero ya nunca fue el mismo.

17 días después de darle de alta, es hospitalizado de nuevo por un derrame y una infección viral. Pese a todo, no bajó el ritmo viajero, aunque su maratón Pontificio ya le pasaba factura, sobre todo desde julio de 1992 cuando se le extrajo un tumor benigno del intestino.

Otras intervenciones a las que fue sometido tuvo lugar por caídas en noviembre de 1993 que le dislocó un hombro, o en abril de 1994, cuando se rompe el fémur de la pierna derecha.

Con el paso de los años, precisaba de un bastón para caminar y comenzaba a temblarle las manos. El párkinson poco a poco hacía mella en él. Aquello llevó a muchos medios a especular sobre el estado de salud del Santo Padre. Pero siguió hasta el final, hasta que el 2 de abril de 2005 su cuerpo no pudo aguantar más.

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