¿Comemos con los ojos? Una degustación a ciegas nos invita a ponernos en el paladar de una persona invidente
Quitar el estímulo visual puede dar a resultados inesperados

Crónica de la degustación a ciegas de la ONCE en A Coruña
Coruña - Publicado el
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Te sientas delante de una mesa, en una degustación. Enseguida, localizas este pincho que más te gusta e intentas alcanzarlo. Pero, ¿qué pasa si no somos capaces de ver lo que hay sobre el plato? La ONCE ha planteado esta pregunta en una degustación en la que ha invitado a varias personas en A Coruña a ponerse en la piel -y el paladar- de una persona invidente.
Sobre la mesa, una bandeja cuadrada con varios pinchos. Una brocheta, croquetas, mini hamburguesas, churros, croissants o algo de fiambre y queso. Primera advertencia: por mucho que lo hayas visto antes, en cuanto los ojos se tapan, parece que se mueve todo de sitio. Es importante palpar el plato para ‘ver’ los límites y hacer una composición mental del espacio disponible.

Luisa y Maite, en la degustación a ciegas
“¿Esto qué es, es mayonesa?” Maite, con antifaz, se deja orientar por Luisa, en la que confía plenamente. “Ahí tienes una servilleta”, le dice antes de servirle un vaso de zumo. Completada la degustación de la primera brocheta, planteamos a Maite una pregunta: ¿saben igual las cosas cuando no se ven? El sentido del gusto es similar, pero hay otros que se agudizan. “Lo que se nota mucho más es el murmullo de toda la gente”, comenta.
Cuchillo y tenedor, para los más profesionales
Los retos son varios: conseguir agarrar lo que uno quiere y llevarlo a la boca cuesta mucho más. Lo de usar los cubiertos o beber de un vaso ya es para nota, y Iago supera la prueba. “Voy a probar”, se atreve, sin guía, antes de partir a la mitad una minihamburguesa sin aparente problema. “Pues conseguido,¿eh?”, añade.
Su madre, Isabel está muy acostumbrada a orientar, porque su hermano es ciego. Pero cuando es una la que deja de ver, la cosa cambia “ Ayer comimos con Nando y le suelo explicar su espacio disponible, lo que hay… y cambia ¿eh?” ¿En qué sentido? “Comemos con la vista”, afirma, “y, de hecho, ahora estás pensando: ‘¿qué me apetece coger? y la verdad es que la vista te ayuda”.

Iago e Isabel, en la degustación de la ONCE
A Francisco, la experiencia le ha gustado mucho. “Es ponerse en la realidad de una persona con problemas de ceguera. Y realmente pasas a ser consciente de la dificultad que tiene poder desenvolverte en actividades normales”. La actividad demuestra “lo complejo que puede ser” algo tan sencillo como comer.
Mucho que ver… y que mejorar
Este ‘brunch’ especial ha sido una pequeña lección de empatía tras la presentación, en la sede de la ONCE de A Coruña, de la serie ‘Mucho que ver’. A través de pequeñas piezas en Youtube, la organización de ciegos nos enseña a ver la vida con los ojos de las personas invidentes, a través de charlas alrededor de un café.
Desde la importancia de no acariciar a un perro guía a algo tan simple como saludar con un "Hola" sonoro. Gestos que se cuentan como píldoras que enseñan cómo se puede hacer la vida de una persona ciega más fácil.
Las anécdotas del desconocimiento
Y ojo, a veces tener buenas intenciones puede ser contraproducente. Felipe y Ana están entre de las 4000 personas invidentes que hay en Galicia. Compartían sus impresiones y anécdotas, por ejemplo, sobre lo que llaman "La Mano Fantasma", esa que aparece para ayudarlos a cruzar la calle... cuando no quieren. Sucede en el caso de “que te agarren sin decirte nada”, luego “te llevan y tienes que fiarte”. “Es mejor que te avisen antes, que te digan hola”, advierte, antes de reconocer que “a veces es que quieres cruzar, pero otras veces estás esperando, lo que sea, ni siquiera quieres cruzar… y te cruza”.

Ana y Felipe, a los lados. En el medio, Lucía, orientadora visual
Y es que, además de las dificultades que puedan suponer las barreras, la vida de los invidentes está llena de anécdotas. Felipe ha llegado a entrar en un bus por la puerta que no es, y Ana tuvo que aclararle en la clínica dental que no tiene mayordomo. “Me preguntó que quién me lavaba los dientes”, ríe. Por si quedaba alguna duda, la falta de vista y la higiene dental son completamente compatibles.
La Gymkana del espacio público
En su día a día tienen que esquivar bicicletas, patinetes, terrazas o hasta cubos de basura fuera de su sitio. La accesibilidad teórica es muchas veces su enemiga, y Felipe comenta que la plataforma única de las calles, a ellos, les hace perder referencias.

Plataforma única en la calle San Andrés de A Coruña
Además de las buenas intenciones, desde la ONCE resaltan la importancia de elementos como iluminación adaptada, avisos sonoros en los semáforos o pavimentos podotáctiles para ayudar a la accesibilidad real en espacios públicos. Un ejemplo de lo que se ha avanzado es que ahora desde las instituciones públicas llaman a la organización antes de diseñar un nuevo espacio para tener en cuenta a las personas con distintas capacidades