Luis del Val: "Porque al sectarismo, sea sectarismo feminista, político, futbolístico u homosexual, no le interesa la justicia, sino condenar a quien considera enemigo"

El periodista reflexiona sobre la erosión de la presunción de inocencia en España y el papel de la política y los medios en este fenómeno

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Luis del Val

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A mí me produce cierto rubor que, vamos, que nos tengamos que plantear la universalidad de la presunción de inocencia en España porque un puñado de boquirrotos y boquirrotas, que inexplicablemente ocupan cargos de gran responsabilidad, como ministerios y vicepresidencias de gobierno, lo pongan en duda. Naturalmente, ocupan esos puestos legalmente, pero también es legal señalar sus estupideces.

Es algo tan bochornoso como si, en este primer cuarto de siglo XXI, nos planteáramos un debate sobre si los negros pueden tener los mismos derechos que los blancos porque una tonta contemporánea lo pusiera en duda. Todos los partidos políticos han contribuido a despojar de la presunción de inocencia a sus rivales. Si un alcalde, diputado o ministro de izquierda era imputado, los partidos de derechas clamaban para que dimitiera de inmediato. Y si el acusado era de centro o de derechas, los partidos de izquierda daban por asumido que era culpable y, por tanto, debería marcharse.

Uno de los ejemplos más indignos e indecentes ha sido el de Francisco Camps, que se vio envuelto en la investigación de una trama de corrupción cuando era presidente de la Comunidad Valenciana y ha estado soportando durante 14 años una culpabilidad injusta, como ha quedado demostrado nada menos que en 11 juicios.

Y no son sólo los partidos políticos. Los medios de comunicación que tú aludías antes también pisoteamos con indecencia al presunto inocente. El diario 'El País' dedicó más de 100 portadas a Francisco Camps remarcando su condición de corrupto a punto de ser condenado. Pues no lo ha sido, y nadie le ha pedido disculpas.

Mira, uno de los personajes de los que mejor he hablado ha sido Albert Rivera, líder y fundador de Ciudadanos. Pues bien, se convirtió en un entusiasta Dalí de quitarle el derecho de presunción de inocencia a cualquier político, y creo que lo ha logrado. Cargarse eso es tan indigno y abyecto como otra flagrante injusticia española, que consiste en que se insista en que la palabra de una mujer en los delitos sexuales sea considerada más creíble que la palabra de un hombre. Porque al sectarismo, sea sectarismo feminista, político, futbolístico u homosexual, no le interesa la justicia, sino condenar a quien considera enemigo.

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