

"Trump es como un conductor novato que piensa en meter una velocidad más a la economía, pero acaba metiendo marcha atrás sin darse cuenta"
La directora de 'La Tarde' analiza los aranceles que ha puesto Trump sobre la industria del automóvil y explica cómo afecta a la economía europea y española
- 2 MIN
Como el niño pequeño que ha descubierto un botoncito en el juguete y no para de apretarlo. Así está Donald Trump con los aranceles, anunciando uno detrás de otro. Luego ya veremos si los lleva a cabo o no, pero anunciarlos, desde luego los anuncia.
El último impacta de lleno en una de las líneas de flotación de la economía europea: la industria del automóvil. Trump anuncia aranceles del 25% de los coches que se fabriquen fuera de los Estados Unidos. Si hay dos economías que se ven amenazadas por esta medida son la europea y la japonesa, los productores clásicos de coches.
Es verdad que los grandes grupos mundiales de automóviles tienen ya desde hace tiempo plantas de producción en Estados Unidos, pero aún así lo van a notar porque las empresas actúan en un mundo globalizado y Trump quiere limitar los mercados.
Precisamente es esa globalización la que hace que los aranceles al automóvil puedan acabar afectando a la industria española de producción de coches y todo lo que la rodea y no es poco porque España es el segundo productor europeo y el noveno mundial.
Hay dos apuntes importantes. La producción española de coches no se verá demasiado afectada por los aranceles, al menos de forma directa. Estados Unidos no está entre los 10 países a los que más exportamos nuestros coches. Otra cosa es la industria de los componentes para automoción.
En España tenemos más de mil plantas dedicadas a producir piezas de todo tipo que dan trabajo a unas 350.000 personas. Somos el cuarto productor de Europa y el 86% de los componentes que fabricamos sale de nuestras fronteras, sobre todo a Francia, Alemania e Italia.
Fuera de la Unión Europea, Estados Unidos es nuestro tercer cliente por detrás del Reino Unido y Marruecos. La conclusión es que indirectamente todo esto de los materiales nos puede afectar bastante. Los aranceles afectan a modelos que se fabrican en Alemania o Francia, por ejemplo.
Si el precio de estos coches sube en Estados Unidos, se venderán menos y, por tanto, puede que se fabriquen menos unidades en Europa. Si se producen menos coches, significa que esas fábricas también pedirán menos componentes a las empresas españolas. También puede ocurrir que esos coches que se dejen de vender en Estados Unidos se oferten en Europa y compitan con modelos fabricados en España, lo que tampoco sería bueno.
En resumen, que este tipo de medidas no parecen buenas para nadie, ni para Estados Unidos ni para Europa. Ahora que hablamos de coches, Trump podría verse como un conductor novato que piensa en meter una velocidad más a la economía, pero acaba metiendo en la marcha atrás sin darse cuenta. Ya veremos cómo acaba.