¿Cómo surge la tradición de llevar flores a los cementerios cada 1 de noviembre, Día de Todos los Santos?

Muchos católicos celebran esta festividad visitando las tumbas para recordar la memoria de sus familiares fallecidos

¿Cuál es el origen de llevar flores a los cementerios en la fiesta de Todos los Santos?

Redacción Religión

Publicado el - Actualizado

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Cada año, el 1 de noviembre la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos. La fiesta ha sido instituida en honor a todos los santos, conocidos y desconocidos, por su gran labor a la hora de difundir el mensaje de Dios. Es una fecha, además, en la que es tradicional que los españoles asistan a los cementerios y lleven flores para visitar las tumbas de sus seres queridos ya fallecidos.

La Iglesia escoge para este día la Lectura del Discurso de las Bienaventuranzas, con el fin de rendir culto a todos los que han pasado por este mundo y han recibido de Dios el sobrenombre de bienaventurados por alguno de los títulos que Jesús pronunció sentado sobre el monte.

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¿Cuál es el origen de esta fiesta?

La fiesta de Todos los Santos tiene raíces muy antiguas: ya en el siglo IV comienza a celebrarse la conmemoración de los mártires. Según se puede leer en Vatican News, los primeros vestigios de esta celebración se encontraron en Antioquía el domingo siguiente a Pentecostés y, San Juan Crisóstomo, ya hablaba de ello.

Entre los siglos VIII y IX, la fiesta comenzó a extenderse por toda Europa y, en Roma más concretamente, en el siglo IX: aquí el Papa Gregorio III eligió como fecha del 1 de noviembre para coincidir con la consagración de una capilla en San Pedro dedicada a las reliquias "de los santos apóstoles y de todos los santos mártires y confesores, y de todos los justos perfeccionados que descansan en paz en todo el mundo".

En la época de Carlomagno, esta fiesta ya era ampliamente conocida como la ocasión en que la Iglesia, que todavía peregrina y sufre en la Tierra, miraba al cielo, donde residen sus hermanos y hermanas más gloriosos.

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La tradición de llevar flores a los cementerios

La tradición más destacada en esta fecha es visitar las tumbas de nuestros seres queridos para mostrar que todavía les recordamos. Ya que el 1 de noviembre es festivo existe, desde mucho tiempo, la tradición de llevar flores a los cementerios para honrar a los difuntos. Aunque el Día de los fieles difuntos es el día siguiente, 2 de noviembre, se aprovecha sobre todo el día festivo para llevar flores.

También esta tradición existe desde muchísimo tiempo. Ya en la antigüedad se solían llevar flores para ornamentar la despedida o el recuerdo de nuestros seres queridos. Su origen es mucho más antiguo de lo que creemos, dado que la primera tumba a la que se llevaban flores está ubicada en Israel y data de hace más de 13.000 años, durante la edad de piedra.

El simbolismo que une al hombre con las flores parece venir también desde muy lejos y tenemos prueba de eso a través del salmo 103 que reza: “Los días del hombre no son sino hierba: crecen como las flores del campo; cuando el viento pasa sobre ellas, desaparecen...».

Para llevar a los cementerios se compran claveles, que expresan admiración y homenaje; que muestran la pureza del alma del fallecido; gladiolos, que transmiten la idea de sinceridad, azucenas o lirios; pero sobre todo crisantemos.

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Las palabras de Papa Francisco

El Papa Francisco, durante el Ángelus del 2 de noviembre de 2014, comentaba estas dos festividades que se celebran al principio del mes de noviembre: “El 1 de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los santos. El 2 de noviembre la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Estas dos celebraciones están íntimamente unidas entre sí, como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo una síntesis que es fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza"

"En efecto, por una parte, la Iglesia, peregrina en la historia, se alegra por la intercesión de los santos y los beatos que la sostienen en la misión de anunciar el Evangelio; por otra, ella, como Jesús, comparte el llanto de quien sufre la separación de sus seres queridos, y como Él y gracias a Él, hace resonar su acción de gracias al Padre que nos ha liberado del dominio del pecado y de la muerte” añadía el Santo Padre.

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