Wailo, el cariñoso perro que ayuda a los mayores de esta residencia de Santiago
Asistimos a una terapia canina en una residencia compostelana: "Me hace sentir bien"

Mónica Guerrero es la compañera humana de Wailo
Santiago - Publicado el
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Algo distinto se nota en el ambiente nada más cruzamos la puerta de esta moderna residencia de mayores. Un edificio imponente, blanco impoluto, nuevo, novísimo. Lleva la firma de la Fundación Amancio Ortega. Hay mayores que aún desayunan, otro se mueve en silla de ruedas por los pasillos, y un nutrido grupo espera con una sonrisa en una sala.
Están contentos porque tienen una actividad que les saca de la rutina. Y es que un precioso perro labrador negro los mira curioso, pero sin levantarse del suelo. Donde su amiga humana, Mónica, le ha pedido que espere.
El perro mueve la cola, alegre, cuando nos ve llegar. Y es que, además de los ancianos y otras personas usuarias del centro de daño cerebral Sarela, los medios de comunicación entramos en la sala. Micrófonos, cámaras, flashes. El can parece estar encantado con tanta atención e interés.

La Conselleira Fabiola García observa cómo discurre la actividad
La conselleira de Política Social e Igualdade, Fabiola García, asiste a esta actividad terapéutica con animales. García felicita al centro residencial por organizar iniciativas "que ayudan a sus usuarios a mejorar su calidad de vida".
Todos interactúan con Wailo, y es que es un perro especializado en terapia social con colectivos vulnerables.
Este tipo de actividades con animales tienen numerosos beneficios como la mejora de la psicomotricidad, la realización de ejercicio físico o la mejora de la socialización.
Su adiestradora Mónica Guerrero nos explica que viajar con él a estos centros es una gozada: "Vienen a saludarme ya antes de salir del coche. Pero no por mí, lo esperan a él, y es que los usuarios se emocionan con Wailo".
¿En qué consiste la terapia? A través de pictogramas, son los usuarios quienes eligen las órdenes o los juegos con el perro. Esa mañana comprobamos cómo le dan de comer al labrador, al que previamente le piden que se siente o suba la pata. Wailo está impaciente por probar tantos bocados.

Wailo disfruta y hace disfrutar en la residencia
También juegan a hacer un túnel con unos aros de colores. Cuando Wailo completa el reto todos aplauden: "Es una pasada ver cómo cambian las caras de los mayores al estar con el perro". Nos explica Mónica, orgullosa de su perro de cinco años.
En su intervención, la conselleira animó a la dirección de la residencia de mayores pública autonómica a seguir desarrollando este tipo de actividades, por aportar a las personas beneficios físicos, cognitivos, sociales y emocionales y que ayudan a los mayores y a las personas con discapacidad "a sentirse más conectados, más felices y más saludables".
Además, Fabiola García también puso en valor la labor desarrollada por Sarela, que lleva 25 años trabajando en favor de las personas con daño cerebral, siendo referente en la comarca de Santiago de Compostela y de toda Galicia.
La residencia pública del Castiñeiriño es uno de los siete centros que la Fundación Amancio Ortega (FAO) construye y equipa en las siete ciudades gallegas. El centro, que contó con una inversión de 25 millones de euros, dispone de 120 plazas.