El signo máximo de pacificación
Escucha la Firma de José Luis Restán del martes 1 de abril

Escucha la Firma de José Luis Restán del martes 1 de abril
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En medio de la polémica desatada en torno al futuro del Valle de los Caídos, con algunos episodios irracionales y de una violencia gestual y verbal que nada tiene que ver con el verdadero coraje y la libertad cristianas, casi no se ha escuchado la voz de los monjes benedictinos, en cuyo nombre se permiten hablar algunos. Recordemos algunos puntos de la noticia: el Gobierno y la Santa Sede han alcanzado un acuerdo según el cual se mantendrá la celebración del culto y la actividad cultural en la abadía, donde proseguirá su labor la comunidad benedictina que vive en este lugar desde su fundación. El Gobierno pretendía, en un principio, desacralizar la basílica y que los monjes salieran. Nada de eso va a suceder. También existe un compromiso de respeto a los elementos religiosos situados en el exterior del recinto sagrado. El templo tendrá un acceso directo que permita la asistencia a la liturgia de la Iglesia, independiente del acceso al museo de las víctimas que pretende establecer el Gobierno en un ámbito que, recordemos, está incluido en el Patrimonio Nacional.
La comunidad monástica ha recordado estos días que la abadía fue edificada como monumento a la reconciliación de los españoles ante la “necesidad de cicatrizar heridas, deponer antagonismos y volver a encontrarse juntos… para que la guerra no se volviera a producir nunca”. Víctimas de uno y otro bando se encuentran desde entonces allí enterradas juntas, sin distinciones, y los monjes rezan cada día por todas y cada una de ellas. La abadía es conocida también por su escolanía y por su rica actividad cultural, abundando en esa misión de promover la reconciliación. Y todo ello, recuerdan los monjes, tiene y tendrá lugar “bajo lo que es el signo máximo de la pacificación: la Cruz”. Es estupendo escuchar a los monjes en medio de tanto ruido, y saber que esta presencia de Iglesia seguirá ahí, alumbrando el camino tantas veces atribulado de nuestra convivencia civil.