No es una moda, sino la dinámica de la Iglesia

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No es una moda, sino la dinámica de la Iglesia

José Luis Restán

Publicado el - Actualizado

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En un mensaje dirigido a la Pontificia Comisión para América Latina, el Papa ha abordado la cuestión de la “sinodalidad”, una palabra clave en el magisterio de Francisco que, sin embargo, es objeto de reducciones, caricaturas y equívocos. Por eso es importante tomarse en serio la explicación que acaba de ofrecer el Papa. En primer lugar, sinodalidad no designa un método más o menos democrático, y menos aún populista, de vivir la Iglesia. Esas son desviaciones, ha subrayado contundentemente el Papa.

La sinodalidad no es una especie de moda de este pontificado, ni una forma de reinventar la Iglesia. Es, en palabras de Francisco, la dimensión histórica de la comunión eclesial fundada por la comunión trinitaria, que mantiene recíprocamente vinculados el sensus fidei de todo el pueblo de Dios, la colegialidad apostólica (de los obispos) y la unidad con el Sucesor de Pedro como cabeza. Francisco aclara que la unidad del pueblo de la Iglesia no es fruto de cálculos ni estrategias, sino que se funda en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Por eso, en esa realidad que denominamos “sinodalidad” podemos localizar el punto en el que converge, misteriosa pero realmente, la Trinidad en la historia. Son cosas que conviene no pasar por alto.

En definitiva, sólo hay sinodalidad en torno a la celebración de la Eucaristía y en la proclamación y escucha del Evangelio. Si falta esto, la participación (aunque esté muy bien organizada) sería un mero parlamentarismo, en lugar de un gesto de comunión eclesial que busca ponerse en movimiento con el Señor. Esa dinámica es la que debe animar, de manera permanente, la conversión y la reforma de la Iglesia en todos sus ámbitos.

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