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Pilar Palazuelos
El control frente a la ansiedad y el miedo también se entrena, más en un momento en el que el confort y la búsqueda del placer que predominan en el estilo de vida actual debilitan y hacen más vulnerable a la persona, que debe aprender a manejar las emociones y no reprimirlas, porque de lo contrario "se sufre más".
"Y cuando viene un problema afecta más, porque no estamos habituados a convivir con ello", dice, en una entrevista con EFE, el psicólogo Baltasar Rodero, que dedica a la ansiedad y al trastorno por pánico su primer libro 'La ansiedad del esquimal' (Arpa).
Este especialista apunta que, incluso, se ha acuñado el término 'happycracia', porque parece que "tenemos que estar siempre bien y ser muy felices".
Pero eso supone "morder el anzuelo del marketing" y recrear "algo que no existe". "En la vida hay accidentes, imprevistos, muertes, rupturas sentimentales, despidos o problemas económicos, y estadísticamente a todos, antes o después, algo nos va a tocar", avisa.
La ansiedad puede ser una "aliada"
Sostiene que la ansiedad bien manejada no es mala, porque ayuda a mantener "tensión" para afrontar retos, pero si es excesiva resulta problemática y puede suceder que se aspire a lo imposible. "La ansiedad puede ser una aliada si viene a visitarnos en la intensidad justa, pero sin pasarse", subraya Rodero.
Tampoco es bueno "ignorar" la señal de alarma que supone sentirse ansioso. "Por ejemplo, si se continúa en una relación o un trabajo tóxicos pese al malestar que generan. Al final, la ansiedad te está diciendo que te alejes de esa situación o te tomes las cosas de otra manera", añade.
El miedo a lo desconocido
Otro desencadenante de ansiedad es la incertidumbre y la falta de seguridad, porque "el cerebro lo que más necesita y lo que más anhela es la certeza".
Pero es un órgano "de gran plasticidad" y aprende. Cuando se sufre una experiencia traumática, el cerebro se modifica y sale la parte más emocional al experimentar sensaciones que se viven como "amenazas".
Se producen respuestas fisiológicas y cognitivas de forma automática, y ahí es cuando vienen la ansiedad y el pánico. La buena noticia es que, como recoge el libro, hay ejercicios e intervenciones que pueden practicarse para contrarrestar.
Factores concomitantes
Además, existen variables biológicas y genéticas que predisponen a ser más nervioso y ansioso, pero también hay otras circunstancias que pueden estar en el origen de este problema: una ruptura sentimental, el síndrome del cuidador, una pérdida importante, o un estrés o acoso en el trabajo pueden ser detonantes en potencia.
También hay rasgos de personalidad que multiplican la posibilidad de ansiedad y, en este sentido, las personas que son muy responsables y autoexigentes, que quieren controlarlo todo y con una manera de ser "muy sufridora" tienen todas las papeletas.
Tampoco ayuda el estilo de vida actual, "muy acelerado" y estando pendientes "de muchos estímulos" todo el rato. "En el móvil, recibiendo continuas notificaciones, con el mail...", dice Rodero.
Practicar, practicar...
En 'La ansiedad del esquimal', Rodero ofrece una guía de carácter práctico para afrontar las sensaciones físicas que provocan la ansiedad y los ataques de pánico, los cuadros más frecuentes y que conllevan una gran interferencia en la vida de las personas, además de sufrimiento e incomprensión.
Rodero compara el tratar de contrarrestar un problema de ansiedad con aprender un idioma. "Hay que practicarlo, hay que ejercitarlo. Con la ansiedad no sólo hace falta tener claros los conceptos, también que estén bien integrados para que la respuesta salga de manera automática", explica.
Con su libro, ha querido aportar una guía de tratamiento más actualizada. "Es una puesta al día de las intervenciones y estrategias que han dado un resultado eficaz", matiza.
Rodero incide en que hay falta de información y de educación sobre cómo manejar las emociones. "Nos ahorraríamos bastante sufrimiento de las personas", asegura.
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