El curioso motivo por el que el Palacio Episcopal de Pamplona tiene en una puerta a San Fermín y en otra a San Saturnino
La fachada fue diseñada por Miguel Goyeneta y curiosamente tiene dos puertas principales de acceso, que son casi idénticas

El Palacio Episcopal de Pamplona se encuentra en la plaza de Santa María la Real, frente al Baluarte del Labrit,
Pamplona - Publicado el
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El autor de la trilogía de libros "Secretos de Pamplona", Juan Echenique, nos acerca la historia y las curiosidades del Palacio Episcopal de Pamplona, un edifcio cuyas obras comenzaron en 1732 y finalizaron cuatro años después.
Un palacio episcopal es la residencia oficial del obispo en una diócesis y normalmente se trata de edificios que tienen valor no solo religioso, sino también histórico, arquitectónico y cultural.
El Palacio Episcopal de Pamplona se encuentra en la plaza de Santa María la Real, frente al Baluarte del Labrit, en el casco antiguo. Justo en el lugar en el que en la Edad Media se encontraba la sinagoga del barrio judío.

Interior del Palacio Espicopal de Pamplona
A pesar de que Pamplona era una ciudad episcopal desde la época visigoda, su obispo no tuvo residencia propia hasta la construcción de este edificio, ya en el siglo XVIII (estilo barroco). De hecho, desde 1590 hasta la construcción de este edificio, los obispos residieron “provisionalmente” en la Casa del Condestable, en la calle Mayor.
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Las obras comenzaron en 1732 y finalizaron cuatro años después. El edificio tiene la peculiaridad de que la planta baja y la primera planta están construidas de piedra -propia de la Montaña de Navarra-, mientras que la segunda y la tercera planta son de ladrillo -típico de la Ribera-. Y por encima, una galería de arcos -arquitectura del valle del Ebro-.
Por aquel entonces había cuatro parroquias en Pamplona, que aportaron sus donativos para la construcción del Palacio Episcopal. Eran las de San Juan Bautista, en una de las naves laterales de la Catedral, San Saturnino, San Nicolás y San Lorenzo. Ya en 1880 llegaría la quinta, la de San Agustín.
La fachada fue diseñada por Miguel Goyeneta y curiosamente tiene dos puertas principales de acceso, que son casi idénticas.
Y el casi se debe a que la puerta principal que hoy utilizamos -Santa María la Real- muestra una imagen de San Fermín -joven-, mientras que la que se utilizaba inicialmente -en un lateral, en la fachada que está a la derecha- quien está en la hornacina es San Saturnino -más mayor y con barba-.
Esto se debe a que cuando se construyó el edificio, la puerta por la que hoy entramos al Arzobispado -la que preside San Fermín- no ejercía como puerta principal por el convento de los mercedarios que había justo delante y que se derribó a mediados del siglo XX -aunque tras la desamortización de Mendizábal fue utilizado como cuartel e incluso como cárcel, ya en la Guerra Civil-.
En su interior alberga una escalera imperial -arranca de dos lugares distintos, que confluyen en la primera planta- y una capilla con un precioso retablo, realizado a mediados del siglo XVIII, con las figuras de San Fermín, San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola.