La lección de Ramón Madorrán que venció la gravedad en un viaje supersónico a la estratosfera con 73 años: "La edad no es un límite"
"Papá, te ha tocado": El sorteo que llevó a un riojano a desafiar la gravedad

Ramón Madorrán venció la gravedad en un viaje supersónico a la estratosfera con 73 años
Logroño - Publicado el - Actualizado
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Ramón Madorrán no es un astronauta, pero ha vivido lo que muchos solo pueden soñar. Con 73 años, este óptico riojano rompió barreras y desafió la gravedad a bordo de un MiG-29 ruso, surcando la estratosfera y contemplando la curvatura de la Tierra desde 23 kilómetros de altura. Su historia es la prueba de que los sueños no tienen edad y de que la curiosidad es el motor de la vida.
Mis hijas, con una mezcla de emoción y determinación, me dijeron, papá, te ha tocado. Y claro, cuando tus hijas te dicen eso, no hay vuelta atrás
El riojano que surcó la estratosfera
Todo comenzó en 2013, cuando ganó un sorteo organizado por una casa de lentes a nivel europeo. El premio, un viaje a Rusia para experimentar un vuelo en un caza supersónico.
"Para nuestra sorpresa, fuimos los afortunados ganadores en España. Como profesionales del sector óptico, pensamos que lo más justo habría sido sortear la experiencia entre los clientes que usaban esas lentes especiales, que tienen la capacidad de cambiar de color según la intensidad de la luz. Sin embargo, la empresa nos informó de que el viaje estaba reservado exclusivamente para los propietarios de ópticas", explica Ramón.
"Fue entonces cuando mis hijas, con una mezcla de emoción y determinación, me dijeron, papá, te ha tocado. Y claro, cuando tus hijas te dicen eso, no hay vuelta atrás. Así que asumí la aventura con ilusión y nos preparamos para un viaje único", añade.
El destino era Rusia, concretamente a 400 kilómetros de Moscú, en la ciudad de Nizhni Nóvgorod. "Un lugar imponente, con unos dos millones de habitantes y que alberga una de las bases militares más importantes del país", recuerda Ramón Madorrán. En esa base, donde trabajaban alrededor de 35.000 personas, se encontraba el aeródromo desde el que despegaría el MiG-29.

Mikoyan-Gurevich MiG-29
"Lo más impresionante fue saber que, para mi vuelo, se había movilizado un equipo de 125 personas. Me sentí como un auténtico astronauta antes de despegar. Técnicos, pilotos, personal de seguridad y traductores estaban allí para asegurarse de que todo saliera a la perfección. Desde el primer momento, la organización fue impecable", describe, Ramón, con orgullo.
Te das cuenta de lo pequeños que somos, de que la vida hay que vivirla intensamente"
El despegue fue solo el comienzo de una experiencia inolvidable. "Al mirar hacia abajo, todo era un espejo, los lagos, los glaciares, los mares... El reflejo del sol lo convertía todo en una imagen indescriptible", añade. "Te das cuenta de lo pequeños que somos, de que la vida hay que vivirla intensamente". Pero lo más impresionante llegó cuando el piloto le cedió los mandos por unos instantes, permitiéndole sentir el control de una máquina diseñada para surcar el cielo a velocidades extremas.

La tierra
La experiencia no estuvo exenta de desafíos. Durante la maniobra de caída libre tras apagar motores, Ramón soportó hasta 5G de fuerza gravitatoria. "El estómago se me salía del cuerpo", recuerda. Sin embargo, no sufrió los efectos que otros experimentan. "Me dijeron que la mayoría vomita, se desmaya o pierde el conocimiento. Yo no. Me llamaron un fuera de serie".
Su visión del mundo cambió tras ese viaje. "Comprendí que la humanidad es solo una pequeña parte de algo inmenso. Desde allá arriba, las fronteras no existen, los problemas cotidianos parecen diminutos y todo se reduce a un solo pensamiento. estamos aquí de paso y hay que aprovechar cada instante".
A sus 85 años, Ramón sigue conservando el espíritu de aquel día. "La edad no es un límite, es solo un número", afirma. "Hay gente con 40 que parece que tiene 80, y otros con 80 que nos sentimos de 40". La clave, según él, está en la actitud, "si te dejas llevar por el miedo, te pierdes lo mejor de la vida".
Cuando le preguntamos si repetiría la experiencia, no duda: "Si me lo vuelven a ofrecer, allí estaré. Aunque quizá ahora prefiera dar la vuelta al mundo, pero por tierra". Y es que, tras tocar el cielo, Ramón sigue mirando hacia adelante, con la misma pasión y energía que lo llevaron a vivir una de las aventuras más extraordinarias de su vida.