Ana, misionera en el Congo: "Muchos niños llegan a la consulta muertos"

Visitamos el Hospital de Lisungi, que significa ayuda en Lingala, una de las lenguas nativas del Congo

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Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Estamos en un barrio sencillo de Kinshasa. Hay arena en lugar de asfalto, las aceras no existen, tienen luz eléctrica pero muchas veces desaparece. La gente amontona sus negocios en los márgenes de la carretera y cuando te hablo de un negocio es un tenderete con seis mangos apilados, tres cabras o varios pares de zapatillas usadas. La basura se amontona en las calles y hay muchísimo plástico. Ana me lleva al hospital en el que trabaja. Allí vamos a empezar a entender alguno de los problemas de este país.

Es un barrio períferico. A 26 kilómetros del centro de Kinshasha. "En los años 80 tenía 4.000 habitantes y, en estos momentos, tiene 25.000", nos cuenta Ana. "Estamos en una gran urbe, donde las infraestructuras siguen siendo las mismas que hace 30 años. Los coches se han podido multiplicar por 20 o más y con carreteras mucho más deterioradas... algunas de tierra". Ana cuenta que mucha gente aquí vive del comercio. "Venden sus galletas, sus aguacates, sus verduras... y eso es lo que le lleva a sobrevivir. Ganar uno, dos o tres dólares al día para comer hoy. El objetivo aquí cuando te levantas es ver qué comer hoy".

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En este caos absoluto llegamos hasta el Hospital de Lisungi, que significa ayuda en Lingala, una de las lenguas nativas del Congo. El hospital está insertado en el barrio, es pequeñito, aunque están construyendo una ampliación. No es una clínica como la que puedas estar imaginando. Es un conjunto de habitáculos, por un lado está la maternidad, por otro está pediatría, en otro han montado la sala de espera, en medio te encuentras dos mujeres lavando a mano las sábanas... Pero nuestro primer contacto es una sala de espera a rebosar.

Sale a recibirnos María Luisa, una dominica congolesa que dirige el centro. Se esfuerza por hablar con nosotros en castellano y siempre mantiene una gran sonrisa. Nos cuenta que lo fundamental en este centro es que primero se atiende a la gente y luego ya piensan cómo puede arreglarse eso de la factura. Con María Luisa, esta congolesa de enorme sonrisa, vamos hasta la sala de partos. No te lo puedes imaginar. Busca una foto de un paritorio en la España de los años 50... esto es algo así. Pues hay gente en el Congo que ni siquiera puede pagarse esto. "En general, muchas mujeres vienen aquí con el bebé después de parir en casa porque no tienen dinero para pagar el parto en el Hospital", explica María Luisa. Y otras vienen solo para las cesáreas... "No tienen dinero para la prenatal y vienen cuando es urgente".

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Seguimos recorriendo este hospital de Lisungui y nos enseñan dos habitaciones. Allí están las mujeres que acaban de dar a luz. Voy a intentar explicarte cómo es esto. En un habitáculo minúsculo se agolpan siete camas con mosquiteras blancas. En ellas están las madres durmiendo con sus hijos recién nacidos.

Salimos de la maternidad y nos vamos hasta la zona de pediatría. Hay varios niños que están siendo tratados. "La anemia y la malaria son las dos patologías más frecuentes aquí", cuenta María Luisa. Mientras María Luisa me cuenta cómo combaten las enfermedades habituales... el pequeño Jordan no deja de llorar en los brazos de su madre. Como te decía, la hermana Ana Gutiérrez trabaja en este hospital. Su día a día es bastante más complicado de lo que te puedes imaginar. "A veces vemos cosas que te rompen el corazón. Ayer, por ejemplo, tuve seis abortos. Ninguno provocado. Todos eran por infecciones no curadas", nos dice Ana. "Muchos niños llegan aquí muertos. Es una realidad. Son niños que llegan tarde, la mayoría por anemia o malaria. Normalmente se han desvanecido en casa, pero el tiempo que tardan en llegar de casa al hospital han muerto". Es un testimonio duro el de Ana. "Ese niño se envuelve en el paño que trae la madre y la pobre madre vuelve con él en el regazo. Lo fuerte que vivimos aquí no lo contamos... y las imágenes que tenemos grabadas en el cerebro no se van tan fácil", relata la propia Ana. "Hay veces que tengo que parar la consulta y salir un momento para no emocionarme delante de los pacientes".

Herrera en COPE

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Con Carlos Herrera

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